28-03-2012
Identidad de una Bailarina

Paula Velozo
Miss Bellydancer Chile 2011

Identidad de la bailarina

Yo bailo danza del vientre, pero… quien soy?

En todo aprendizaje, siempre es bueno tener un referente de aprendizaje. Algo tan natural que desarrollamos desde nuestra infancia: ”Cuando sea grande, quiero ser como mi mamá”. Así mismo, no deja de ser una excepción la idea de tener un modelo a seguir en la danza.  Para muchas, el primero y más común es nuestra profesora, para otras (sobre todo cuando ya comenzamos a tener mayor conocimiento global, cultural e histórico), comenzamos a mirar hacia oriente medio (ya sea presente o pasado).

Aprendemos técnicas y movimientos, aprendemos culturas e idiosincrasias, aprendemos que cosas podemos o no decir y hacer (y tú que pensabas que sólo ibas a bailar). Y así de alguna manera, nos vamos mimetizando con esta cultura tan rica y tan llamativa.
Pero, hasta qué punto me convierto en este pseudo personaje “árabe” (porque hasta nombres artísticos tenemos), o hasta qué punto aprendo (o literalmente copio) los gestos de mi profesora y modelo. Así llegamos a un punto crítico en el que sólo las más valientes son capaces de decir: ALTO!!!!

Este momento de mi vida, en que me detengo a pensar que hago o que no, es como llegar a esa etapa de la adolescencia y comenzar a criticar a tus padres… será que esto es lo que quiero? Será que voy por buen camino?.

Esto no implica juzgar a tu profesora y decir “ella se equivoca” (que por cierto, puede hacerlo, es humano), sino decir…. Que es lo que YO quiero ser y hacer.

Por otra parte, somos seres independientes, con historias de vida diferentes, con historias de aprendizaje diferentes, por lo que (y lamentablemente para muchas) NUNCA llegaremos a ser igual que alguien y, al intentarlo, no seremos más que la copia mediocre o el “clon”. El desafío está en ser lo suficientemente valiente para comenzar a filtrar y por sobretodo ampliar tu rango de visión y tener una panorámica de 360° en todas sus dimensiones.

Es sumamente importante no dejarse domesticar por una línea técnica o por un modo de pensar. Es mucho más fácil vendarse los ojos y dejar que te lleven, pero la recompensa de mirar por la ventana y poder decir “allá quiero llegar” es una sola y una muy valiosa…. TU IDENTIDAD.