10-09-2011

"Te presento a mi señora..  baila danzas árabes"

Marcos Oyarzun

En Occidente tenemos perjuicios sobre muchas cosas provenientes de Medio Oriente. Para nosotros todos esos lugares distantes a latinoamérica tienen, sin lugar a dudas, formas de ver el mundo diferentes a las nuestra. El Orientalismo fue responsable de esto en gran medida al acrecentar esa diferencia y crear un inconciente colectivo  donde la imagen del "harem" de pintores que dicho sea de paso jamas tuvieron la oportunidad de verlos y la sensualidad exacerbada inunda todo, distante además de la realidad que esa parte de nuestro planeta vive hoy en día. Luego cuando, por esas cosas de la vida, nos topamos con quienes participan de la cultura del Medio Oriente nuestra primera tarea es comenzar a conocer ese mundo y darnos cuenta de la cantidad de errores de conceptos que teníamos incorporados en nuestras mentes occidentales.

Al ser pareja de una profesora de danzas árabes no solo se  comienza a conocer a través de ella una cultura distante a la nuestra sino que de alguna manera reconocer ciertas características culturales de nosotros mismos como latinos. Descubrir que las danzas árabes son danzas de mujeres para mujeres es quizás lo primero con lo que uno se encuentra, y desde ahí la relación de esos países y sus mujeres con la femeneidad, obviamente distintas a la nuestra. Asi es fácil darse cuenta la modificación que hacemos sobre esa realidad en latinoamérica y particularmente en Chile de esa expresión cultural. Sorprende, por ejemplo, como gracias a esa imagen "orientalista" pasa en algunos casos a ser de una expresión cultural en un número "artístico" contratado para eventos de gerentes de fin de año, cuyo objetivo es "recrear" la vista de estos altos ejecutivos y no precisamente darles un baño de cultura sobre el folklore del norte de Africa, al mezclar en una presentación un tema claramente Saidi con un colorido traje de strass que deja poco a la imaginación.

Al comenzar a sumergirse en este maravilloso mundo uno se vuelve de alguna manera un difusor de esa cultura y uno mismo pasa a ser un defensor de la cultura de aquellos países y tomar la bandera de reivindicación de esa cultura para que sea respetada como tal partiendo por el gesto de ponerse un "hatta" al rededor del cuello.

Uno nota al mencionar la frase "te presento a mi pareja..  es profesora de danza árabe" como la expresión de algunos cambia... una dosis de curiosidad y de hacer muchas preguntas sin que ella escuche se apodera del rostro de con quien uno conversa... particularmente si es hombre! Los hombres que comparten su vida con parejas relacionadas a este arte deben ser "evolucionados" y de no serlos deben "evolucionar". Ser pareja de estas mujeres especiales es en sí un desafío a la confianza que ellas nos entregan además de enfrentar nuestra propia relación con la femineidad de nuestra pareja desde el punto de vista oriental. Los códigos corporales de esta danza son diferentes a los nuestros y debemos aprender a comprenderlos. La relación de ellas con su cuerpo es diferente, su autoconcepto de mujer es distinto de la mayoría de las mujeres de las cuales nos rodeamos cada día en países como Chile.

Para algunos el adaptar la mentalidad y sacar los prejuicios que puedan tener fruto de un machismo extremo propio de la idiosincrasia latinoamericana es solo la primera etapa del proceso. A continuación viene el apoyarlas en lo que es su pasión, en muchos casos, más allá de un hobby o trabajo ¿Cómo se las apoya? ...siendo uno quien explica, difunde y defiende este arte como una expresión cultural, pero ojo, no por un tema de "justificación" de la pareja sino porque uno realmente logra hacer la diferencia.

Cuando uno tiene que escuchar comentarios de esos congéneres con mentalidad "Morande con Compañía" y, con la mejor de las caras y educación, explicarles que la niña con traje de "odalisca" (concepto que esta claro es "orientalista" y muchos confunden su significado real) en su despedida de soltero, o la modelo de programas como "Fiebre de baile" no bailaba lo mismo que está bailando tu pareja sobre un escenario en ese minuto, y que además posee un peso cultural sobre sus hombros, creo que uno ha logrado pasar un límite que como hombres occidentales de no ser en la circunstancia de ser pareja de una mujer del mundo de las danzas árabes difícilmente cruzaría por sí solo.

Debo decir que en mi caso personal no ha sido tan complejo por venir del mundo artístico y trabajar ligado a una disciplina artística, también fruto de una cultura distante, como lo es el flamenco. Creo que puedo, sin embargo, ver que para otros congéneres debe ser más complejo en este país. Es un tema no menor pero que por ver a nuestras parejas contentas sobre un escenario, disfrutando de la danza, vale la pena cada minuto que nos demos para explicar de qué se trata la danza árabe de verdad... la que ellas aman, y por la que comienzan a escuchar canciones en idiomas desconocidos, con letras que hablan de emociones expresadas de una manera distinta. Dependerá de cada uno si es solo un apoyo simbólico, asistiendo a las galas de escuela por ejemplo, o si se vuelve más explícito llegando a pegar mostacillas o aprendiendo a tocar el derbake o escuchar música nubia mientras leemos un libro si es que ese mundo a uno lo conquista desde adentro.
Sea como sea, creo que el ser pareja de una mujer amante de estas danzas es un regalo, una oportunidad de descubrir a través de ella, como lo dijera Shokry Mohamed, esa "danza mágica del vientre", que en mi opinión vuelve tan especiales a quienes la practican.

 

 


 

 


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