21-07-2012

Dina: Una estrella en el nuevo cielo de Egipto



En pleno período de post revolución, cuando el primer Presidente electo -luego de 30 años de dictadura- habla a su pueblo reconociendo el inicio de la libertad real, se realiza en la capital el festival anual de danza oriental Ahlan Wa Sahlan, donde el broche de oro es una bailarina que ya alcanzó la gloria, pero cuya íntima conexión con el público podría dar el tono para los tiempos por venir
Romina Azocar

Pocas cosas unen más a las personas que la música y el baile. Y quizás nada sea más adecuado en este momento en El Cairo que celebrar el comienzo de una nueva etapa con la versión 2012 del Festival Ahlan Wa Sahlan (“bienvenidos”) que se realiza en el histórico hotel 5 estrellas Mena House Oberoi, ubicado a los pies de  las milenarias pirámides de Giza.

Para esta ocasión visitan cada año el país las bailarinas más destacadas del mundo y las alumnas más dedicadas también, ya que es una oportunidad única de aprender sobre la danza árabe de la mano de las mejores.

El festival comenzó el 27 de junio con una gala de apertura que presentó en el escenario a bailarinas locales y extranjeras que forman parte de la crème de la crème del mundo de la danza oriental. Luego vinieron 7 días donde las y los profesores dictan clases y se realiza la competencia para la cual un jurado experimentado elige una ganadora que se lleva diversos premios como una corona, joyas, trajes y accesorios de danza.
Además, se exhiben en un gran bazar todo tipo de productos; algo así como el paraíso para cualquier bailarina, donde se ofrecen trajes para regodearse, velos de todos colores y  tipos, caderines con novedosos diseños, joyas, música, alas de Isis, crótalos, galabeyas, etc. Imposible no deleitarse ni perderse entre el brillo que atrapa los ojos y la belleza indiscutible de las creaciones árabes que incluso pueden resultar interesantes para alguien que no está familiarizado con el tema.

Pero ni el bazar ni la competencia son la mayor atracción de este evento. La estrella se llama Dina Talaat Sayed Muhammad, de 47 años, nacida en Roma pero de nacionalidad  egipcia, es la bailarina y actriz más famosa del momento.

Una diva, dueña del trono y también de cualquier escenario que pise. Pero, ¿qué la hace tan especial? ¿Por qué cobra grandes sumas de dinero por sus presentaciones y su clase es la más llena del festival, llegando a emocionar a chicas que después de una eterna fila logran sacarse una foto con ella?

No tiene buena fama Dina. Nombrada “la última bailarina egipcia” por la revista estadounidense Newsweek el 2009, de ella se dicen muchas cosas; que es distante y tiene mal carácter, que no se interesa mayormente por las alumnas que buscan aprender de su estilo y que ella misma habría filtrado a la prensa el video sexual que la muestra con su tercer marido en más de 15 minutos de una situación comprometedora, escándalo que por supuesto incrementó su fama.

Luego de su primer matrimonio que terminó en divorcio, tuvo un hijo durante sus segundas nupcias con el director Sameh El Bagoury, quien murió de un tumor cerebral, después de lo cual se habría casado en secreto por tercera vez para finalmente separarse y volver a contraer matrimonio con el empresario Wael Abo Hussein.

Se dice que a los 16 años intentó quitarse la vida luego que su prometido se suicidara. Su padre la habría obligado a graduarse de filosofía en la Universidad Ain Shams pero ya en los años 70 ella daba sus primeros pasos como bailarina en la Reda Dance Troupe.

Se convirtió en una destacada solista en los 80, comenzando a bailar en conocidos hoteles internacionales en los 90, donde causaba polémica con sus vestimentas modernas, desafiando los clásicos trajes de danza al reemplazarlos por shorts. Hay que considerar que en Egipto la danza del vientre aún se practica en forma privada, con clases particulares en las casas, y la profesión de bailarina todavía es condenada socialmente por la gran mayoría.

El 2011 publicó su autobiografía titulada “Mi libertad en la danza” que no se vendió bien en Egipto, posiblemente debido a la revolución nacional que se vivió durante todo el año, aunque sí llamó la atención en países como Francia.

Al final de su clase me da 15 minutos mientras se fuma un cigarro y saluda a dos niños que se le acercan, “habibi” les dice (mi amor) y los besa. Quién sabe, quizás sólo por hoy, Dina está regalándose a todos, aunque sea por un pequeño momento.

¿Qué característica principal crees que debe tener una gran bailarina?  
 
Muchas…aunque lo más importante es que una buena bailarina cree que no es tan buena, piensa que no es suficiente. Si crees eso internamente eres una buena bailarina.
¿Es más importante el talento, o el esfuerzo y la disciplina?                                            
Creo que lo crucial es el encanto que viene de Dios, eso que hace que no haya nadie como tu. Hay ciertas personas que caminan por la calle y la gente las queda mirando sin razón aparente; es porque tienen algo, energía quizás…también creo que en una bailarina es muy importante el tema de la belleza del cuerpo, cultivar un físico que no muestre la edad, eso de mirar a una persona y no saber qué edad tiene, es muy atractivo. También creo en el esfuerzo de entrenar todo el tiempo, yo me paro frente al espejo cada día y me entreno, trato de crear cosas nuevas, nunca es suficiente. Si llega el día en que es suficiente, es el final, estás acabada.
Muchas canciones árabes hablan de amor, ¿cuál es la importancia del amor en tu vida?                                                                                                                                    
 
En realidad creo que tanto las cosas tristes como las cosas bellas, ambas hacen tu arte y te hacen humana. Si estás muy triste puedes bailar muy bien y si estás muy feliz también.
¿Cómo lidias con las emociones negativas?                                                                   
 
Algo muy bello que me ocurre en el escenario es que me olvido de todo el mundo. Como bailarina debo dejar que la gente disfrute porque esta es mi carrera y quiero ser muy buena, entonces no pienso en nada ni en nadie, ni en lo que pasó hoy o ayer.
¿Ni en lo que pasará mañana?                                                                                                     
 
Exacto, me despreocupo de lo que pasará mañana.
Dina me dice “gracias” con su característica voz ronca dándome a entender que no hay más tiempo y atiende cordialmente a un hombre que le pide un saludo para grabarlo con la cámara de su teléfono. Quizás lo que destaca a Dina del resto no es su talento ni su entrenamiento, pero ese “no se qué” que sin duda transmite cuando baila pero también cuando conversa con la gente y gesticula al mismo tiempo que usa las manos para explicar, como si estuviera poniendo mucha intención en cada cosa que dice.
Como sea, su capacidad de transmitir emoción y entregarse en el escenario podría  ser justo lo que el pueblo egipcio necesite ahora; una reconexión con los sentimientos para poder mirar con nuevos ojos su tierra de faraones, cuna de la danza oriental y escenario de grandes enigmas, donde sólo la ciudad de Luxor reúne nada menos que el 35% de los monumentos reconocidos en el mundo.
Así, el mal período de Egipto va quedando atrás para no repetirse, al mismo tiempo que alguien como Dina no sucede dos veces.

Mohamed Shahin
Mohamed Shahin
Mohamed Shahin
Mohamed Shahin
Mohamed Shahin