03-03-2009 - Nota
Zaar
por Paola Jara Vilches

Cuando al final de una rutina vemos a la bailarina mover su cabeza y/o torso en círculos, de manera rápida  e intensa, pensamos que se trata sólo de una demostración de destreza. Pero no.

Dichos movimientos –y el ritmo que generalmente lo acompaña, el ayoub-  provienen de una ceremonia de trance pre-islámica practicada por las mujeres del norte de África.

Dicha ceremonia tenía como fin curar problemas físicos o espirituales causados, según la creencia, por la posesión de un espíritu. Mediante las repetidas sacudidas de pecho, tronco, brazos y cabeza, es posible deshacerse del espíritu y liberarse del mal.

Por lo tanto, el zaar pertenece a la tradición ritual, cuyo origen está –según  algunos investigadores- en Etiopía. En cuanto a la incorporación de elementos del zaar en la danza, es necesario tener sumo cuidado con la técnica utilizada para el movimiento de cabeza, pues es fácil adquirir una lesión cervical si no se conoce bien. Por la misma razón, es recomendable realizar estos movimientos después de haber calentado el cuerpo durante un tiempo considerable.

GNAWA

Alrededor del 1500, los gobernantes árabes de los actuales Argelia y Marruecos trajeron negros de Nueva Guinea para usar como mano de obra en la construcción de sus ciudades y fortalezas. Ellos se convirtieron al Islam, pero mantuvieron algunas creencias rituales de tipo animista, específicamente los ritos de trance posesión.

El gnawa es un trance hipnótico generado por medio de una música de raíces subsaharianas y unos bailes que evocan a los santos protectores, con el fin de expulsar demonios y eliminar enfermedades. Se utilizan instrumentos como el guembri (de 3 cuerdas), el tabl y las características cárcabas. También son importantes las palmas para acompañar los cantos.

GIRO
Es común ver a los niños dando vueltas y vueltas con los brazos abiertos, hasta que caen al suelo. Es indudable el placer que esto les genera.

Varias de las ceremonias rituales que conducen al trance incluyen giros repetitivos. Así es por ejemplo en el sufismo y en ceremonias de sanación de las tribus nómadas del norte de África.

El giro nos lleva a lo más profundo de nuestro eje y canaliza nuestra energía devolviéndonos la concentración y la fuerza.

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